La Comparsa de Terracota. Siete años después.

extrana soledad

Extraña Soledad. terracota. 2010. Osmany Betancourt

Hace casi siete años que esta muestra virtual que le traemos en la página de exposiciones estuvo efectivamente expuesta en el Centro de Artes Visuales de Matanzas (del 19 de mayo al 15 de junio 2010), y casi una década después, este grupo de obras vuelven tal como sucede con un sueño inconcluso, en los otros materiales con los que su escultor Osmany Betancourt las trae una y otra vez al plano físico tridimensional y bidimensional: en resinas, bronces, pinceladas de óleo en lienzos y hasta en las distintas escalas: de la urbana a la de salón.

No obstante, hay algo en las obras primeras de La Comparsa, que las hacen ser procesos de pensamiento, cavilaciones, entelequias que pulsan por resolverse; como la aceptación de una recurrencia cíclica que nos marca por su grave pertinencia. En el momento en que estas esculturas fueron expuestas, dolían por precisarnos a una confirmación que habitaba en todos y que las obras nombraban, a la vez que rediseñaban un sentir cultural reajustado a un proceso angustioso que todavía hoy no cierra. Y por más que las formas y maneras del Lolo se hayan ido idealizando, haciéndose leves y también hirientes de otra manera; en estas primeras “Comparsas” hay una dosis de existencia casi reconocible en el hecho mismo de la técnica de la terracota, al punto en que parece estar compitiendo con la imagen reflejada en el espejo de cada uno de nosotros.

Mujer con sombrer. Bronce. 2015. Osmany Betancourt

La pericia técnica que impregna a Extraña Soledad, dialoga con el lenguaje más clásico de Fidias y sus telas transparentes y húmedas, y a la vez no deja de ser un sudario, en un personaje femenino que aun se yergue, resistiéndose a todos los signos que la claman e insisten en anularla. Es este mismo espíritu el que hala la carreta del hombre, también a escala humana, que parece ser llevado no más que por el impulso mismo o la inercia que impulsa la fuerza cegada de hastio; lograda en el efecto de la piel marcada por el sol y el trabajo, en marcada diagonal que amenaza con caer, romperse, despedazarse. Carga además a la dama, la gentil doncella de la olla en la cabeza. El Lolo irá trabajando con estos símbolos: primero el pañuelo voluminoso, después la olla, la jaba también. Como mismo irá buscando el material que le sea pertinente, que le pertenezca a la idea que pulsa. Primero en esta magnífica técnica escultórica de cerámica de la terracota, y virgen o esmaltada. Para después llegar al bronce y dejar de tentarnos con lo perecedero de la piel del barro.

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